…y el mundo quedará vacío

“Cuando todo haya terminado el mundo quedará vacío”

Esa frase lo persiguió durante meses, años, siglos, y podía dar cuenta de que poco a poco se iba haciendo realidad, todo a su alrededor moría pero él seguía en pie; firme, impasible, con la misma cara todo el rato, con la misma mirada cansada, él seguía en pie, como si el tiempo ni siquiera lo despeinara.

Su creador, a quien él mismo dio caza y asesinó ya predijo la hecatombe, la caída de toda civilización, el caos en el que se sumió el mundo en los años venideros. “Esta vez es distinto” se decía a sí mismo al ver un escarabajo muerto y petrificado en su camino. “De ésta nadie se salva”, pero él seguía en pie.

Había visto caer imperios, había visto líderes romper a llorar y hablar del fin, había visto regicidios, derrocamientos, golpes de estado, disparar contra la multitud, el ejercito tomando la ciudad, lo había visto todo. Pero nunca, nunca había visto lo que sus ojos, casi impasibles, contemplaban ahora.

“…y el mundo quedará vacío”

good bye Flaherty’s

Al girar la cabeza lo vi y lo recordé. Flaherty’s cerraba y yo había llegado tarde a mi última pinta de Guinness, o no. La última cuenta pagada allí tras almorzar con un buen amigo había sido importante, quizás esa fue mi despedida.

A la memoria me llegan numerosas “noches perfectas” que comenzaron allí, alguna salida tras currar muy cerquita en los informativos de un conocido canal de televisión, e incluso una falsa noticia que tuve el placer de grabar y locutar como práctica para la facultad.

Muchas situaciones y todas acompañadas de una pinta, habrá quien diga cara, pero para mí el local tenía ese regusto irlandés que tanto me gusta y no me importaba pagarlo.

Good bye Flaherty’s! Sláinte!

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ella había vuelto

Con su cabeza golpeada, dolorido, sin poder moverse la vio apoyada en la ventana, con sus alas desplegadas, completamente desnuda, entregada. De repente ese terrible dolor de cabeza había pasado, parecía algo lejano e imposible, su cuerpo respondía, no sentía esa parálisis, esa pesadez que hacía tres segundos lo mantenía inmovil y pegado al suelo. Podía levantarse, es más, podía saltar, podía levitar, podía tocar el techo de su habitación, podía incluso hacer un agujero en él y salir a la azotea, seguir hacia arriba.

Cuando ella se dejó caer él temió por su vida, casi gritó desesperado pero al verla, sonriente, con esos ojos vivos, llenos de sabiduría, de confianza, de placer, espléndida justo delante de él y sus labios lo rozaron tímidamente supo que todo iría bien, todo tenía otra vez sentido. La siguió de cerca a la velocidad de la luz dándole la vuelta a la tierra y saliendo al espacio exterior como el que sale por la puerta de su casa.

Ella había vuelto.