todo lo que queda después es simplemente sangre

Yo ya estoy acabado, jugué y perdí, vi, toqué, saboreé, tragué y exploté. La tormenta te convierte en otra persona, te desplaza, te arrastra, te hace suyo, y cuando te quieres dar cuenta tú eres esa tormenta, tú la has provocado, tú te has creado a ti mismo.
Todo ese cúmulo, todos esos “aguanta”, todo ese “ánimo” ficticio, falso, de portada de revista, todas esas palabras vacías, todo eso se une, se amontona, todo dentro de la misma estrecha cajita, hasta que la presión es superior a ella y se quiebra, entonces todo sale a la superficie y tú muestras tu verdadera cara. Tu jodida, puteada, asquerosa, cabreada, destrozada, resentida y sádica cara.

Todo lo que queda después es simplemente sangre.

¿qué más da?

¿Qué más da si te vuelo la cabeza?

¿Qué más da si te reviento de un tiro o a base de ostias? ¿Qué más da?

¿De veras crees que alguien lo notaría? ¿Alguien te echaría de menos? No lo creo.

Probablemente ni se darían cuenta.

Eres una jodida hormiguita en una gran colonia, una pequeña estrellita que tarde o temprano desaparecerá y sólo quizás algún astrónomo notará tu ausencia ya que te usaba para recordar la localización de una de aquellas que realmente importan, aquellas estrellas “famosas”, aquellas que provocan llantos, novelas, películas, revivals.

¿Quién eres tú? ¿Qué has hecho para ser recordado?

Nada, sencillamente nada. ¿Qúe más da?

…y el mundo quedará vacío

“Cuando todo haya terminado el mundo quedará vacío”

Esa frase lo persiguió durante meses, años, siglos, y podía dar cuenta de que poco a poco se iba haciendo realidad, todo a su alrededor moría pero él seguía en pie; firme, impasible, con la misma cara todo el rato, con la misma mirada cansada, él seguía en pie, como si el tiempo ni siquiera lo despeinara.

Su creador, a quien él mismo dio caza y asesinó ya predijo la hecatombe, la caída de toda civilización, el caos en el que se sumió el mundo en los años venideros. “Esta vez es distinto” se decía a sí mismo al ver un escarabajo muerto y petrificado en su camino. “De ésta nadie se salva”, pero él seguía en pie.

Había visto caer imperios, había visto líderes romper a llorar y hablar del fin, había visto regicidios, derrocamientos, golpes de estado, disparar contra la multitud, el ejercito tomando la ciudad, lo había visto todo. Pero nunca, nunca había visto lo que sus ojos, casi impasibles, contemplaban ahora.

“…y el mundo quedará vacío”